El pasado sábado, en unos cuantos minutos los vientos se aceleraron en la ciudad australiana de Melbourne. Llegó una tromba. les vino una granizada. Los granizos del tamaño de pelotas de golf. Quienes estaban en el hipódromo cayeron en confusión. De pronto «todo se oscureció, se puso negro», testimonió un apostador. «Oscureció la ciudad de manera apocalíptica», corrigieron reporteros de los informativos locales. Fenómeno excepcional. Imposible saber si nunca antes había sucedido. Se puede consultar desde cuando se lleva memoria de esos y otros fenómenos naturales, pero ¿en los muchos siglos anteriores? No lo sabemos. La frase hecha: «Nunca antes» es bastante arbitraria, pero impresiona. En Guadalajara, México, un 13 de diciembre de 1997 nevó. Algo en verdad fuera de previsión. Hubo quien sentenciara: Ahora sí se acaba el mundo, nunca antes había caído nieve en esta Guadalajara. Resulta que no. Fueron a los libros. Resulta que un siglo antes había caído otra nevada histórica en la ciudad. Igual, dando lugar a pensamientos apocalípticos. También dijeron que «nunca antes», vaya usted a saber... Que no exista memoria oficial, no significa que no haya sucedido. Respecto a las oscuridades intensas en pleno día, me gusta recordar lo del «infame día oscuro de Nueva Inglaterra». Fue cuando al mediodía el cielo se oscureció, las aves cantaron antes de dormir, los habitantes de Connecticut llegaron a la conclusión de que estaban en víspera del día del Juicio Final. Unos cayeron de rodillas en plena calle, otros alcanzaron a entonar cánticos en el templo, algunos más prefirieron ir a esperar en la taberna. Era el fin del mundo. Estados Unidos tenía entonces su guerra, 18 de mayo de 1780. ¿Nunca antes? Quién sabe. ¿Calentamiento global? Parece que no. Lo que más me agrada repasar es la actitud del coronel Davenport, cuando representantes y empleados de la legislatura de Connecticut que sesionaba, clamaron por abandonar el lugar, dadas las condiciones excepcionales. Davenport, sensato y responsable, les reprendió: «Señores: O el día del Juicio Final está muy próximo o no lo está. En caso de que llegue yo prefiero que me encuentre desempeñando mi deber. Así que ¡traigan las velas y sigamos trabajando!». Por cierto, el enigma del «infame día oscuro de Nueva Inglaterra» fue resuelto en 2007 por científicos forestales de la Universidad de Missouri. Se debió a incendios enormes de bosques en Canadá. Algo que solía suceder y sucede. Claro que aun ahora cada quien es libre de darle a los fenómenos naturales la explicación extranatural que mejor le cuadre. Por eso nos debemos respetar. Discutir creencias es de necios. Pero vale el comentario de que no todo cuanto de malo sucede en estos días debe atribuirse al «calentamiento global», así sean nevadas en febrero, lluvias abundantes mucho después de las cabañuelas o movimientos violentos de tierra. No se diga que «nunca antes» para cada fenómeno excepcional. Respetemos la inteligencia de las personas para merecer credibilidad. Me parece. El mundo no se acabará como aseguran los agoreros del desastre al final del 2012 según el calendario maya, ni como los escritores e intelectuales apocalípticos asustan a la gente; el mundo se acaba cuando cada quien en lo individual terminemos nuestro ciclo de vida, para ello hay que estar siempre preparados haciendo el bien y viviendo como si este día fuera el último de nuestra existencia. Viviendo en paz y con alegría, obrando y actuando en consecuencia. Enhorabuena.
Email: dirección@ochocol.com