>Opinión invitada<
 
La ciencia como Joya


Jorge
Eugenio
Ortiz
Gallegos

Escritor

En la discusión sobre el apoyo del estado para la ciencia hubo contradicciones. Se hizo «insoslayable» destinar dinero, inversiones, subsidios y recursos al desarrollo de ciencia y tecnología, y en la parte contraria se dijo «la ciencia debe ser un buen negocio». Afortunadamente la presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias criticó que se tome como objetivo central el concepto de negocio.
Una vez más las diferencias entre capitalismo y humanismo. El arte para el neoliberalismo debe ser un negocio rentable: «todo rincón/ es rentable/ todo asunto/ negociable/ los hombres/ y sus mujeres/ y también/ su intimidad» (p. 85, Mi alma ha visto a Nueva York, JEOG, 1976, Arte y Libros). Para el espíritu, la política ha de estar al servicio de la comunidad, el estado, los ciudadanos y la identidad de lo humano.
Por tanto, asistimos a la Torre de Babel, donde políticos y poderosos se entrecruzan y negocian la ecología, los recursos, y hacen de la comunicación el vertedero de la ignominia que nos está empapando como lluvia del neblumo que recoge la hez de la contaminación.
El libre mercado nos vuelve torpes, ciegos, obstinados, miedosos, tramposos y avorazados. Y sobre todo ignorantes, desorientados, omisos en la vivencia de la identidad personal. El lucro ha sustituido al espíritu y la visión del desarrollo humano, y nos coloca en la caída de la sobreoferta, en los falsos respiros de la sucia competencia urdida en los oligopolios de la intelectualidad al servicio de los medios.
Estos administran el cerebro de los gobiernos que se coluden para despacharse solos, al margen del pueblo, aunque admitan que la protesta es una libertad marginada que no tiene resonancia sobre la podredumbre del tríptico en que se asientan los tres poderes de la República.
La caída del sistema electoral en 1988 no pudo rehacernos en la conciencia y el ejercicio de un espíritu verdaderamente democrático.
Así, la ciencia viene a ser sólo una joya más de la corona imperial, que hace a México balancearse bajo el destino cierto de los vecinos, ya no distantes, sino invasores del lema de la doctrina Monroe: «América para los americanos (del Norte)», y que ahora extiende sus tenazas infernales sobre la economía mundial, con la apariencia de un sistema europeo, en donde el euro está aplastando al dólar.







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