Dr. Ernesto
del Castillo
Analista de Temas Sociales
En los primeros 38 años la economía mexicana ha sido sometida a acciones contradictorias cuyo efecto, primero han sido las crisis económicas y después la ineficiencia en el bien común con cifras crecientes de sectores poblacionales en pobreza y miseria. Primero, de 1970 a 1982, con base en endeudamiento externo los gobiernos dedicaron parte importante de éste a comprar y estatizar empresas hasta llegar a convertir al gobierno en el empresario principal de nuestro país, más de mil empresas fueron estatizadas.
Después, de 1985 en adelante, el gobierno se dedicó a reprivatizar las empresas estatizadas, en forma tan acelerada, que actualmente sólo quedan algunas, denominadas estratégicas, para producción de bienes y servicios indispensables y que se considera que no cumplirían su cometido de bienes públicos si se privatizan, pues convertidas en empresas privadas el lucro sería su función manifiesta, como la Comisión Federal de Electricidad, Luz y Fuerza del Centro y Petróleos Mexicanos.
En estas políticas económicas mucho tiene que ver la finanza internacional como bancos transnacionales, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y en menor cuantía el Banco Interamericano de Desarrollo, que parecen dictar las bases de nuestra economía actualmente. El país transitó del exitoso Desarrollo Estabilizador y el llamado «milagro mexicano », de 1945 a 1970, que ha sido la mejor época para la economía nacional.
Pero de 1970 a mediados de los ochenta del siglo pasado, gobiernos populistas y demagógicos, que para algunos analistas cumplieron planes de la finanza internacional para sujetar a su criterio a la economía fortalecida que culminó en el sexenio del licenciado Gustavo Díaz Ordaz, con grande y grave endeudamiento externo y baja en picada del crecimiento económico culminó en la crisis de diciembre de 1994.
Aparece entonces, con crudeza, el neocapitalismo con su globalismo económico y financiero durante los gobiernos de Salinas de Gortari y su liberalismo social y su TLC, siguió la crisis de 1994-1995, se aceleran las reprivatizaciones, como siempre que el gobierno se conduce como empresario se pierde dinero y con Ernesto Zedillo se entregan los ferrocarriles y la banca a extranjeros.
En este contexto se mueve una tercera etapa privatizadora que pretende privatizar, sin usar ese nombre y hasta negarlo enfáticamente, a Pemex que sería seguido de la CFE y Luz y Fuerza del Centro. Este proceso fue impulsado por el presidente Vicente Fox que le heredó el problema al presidente Calderón Hinojosa.
La inoperancia del gobierno Fox en relación a Pemex, el utilizar el sobreprecio del barril de petróleo muy por arriba del considerado en los presupuestos anuales para el gasto corriente, con lo que miles de millones de dólares se han esfumado, en vez de aprovechar un amplio porcentaje de éstos para la urgente modernización de la paraestatal y el pago de su deuda, hereda un grave problema al actual sexenio.