El Seminario de Guadalajara abre sus puertas a niños, adolescentes y jóvenes para que prueben su vocación y si están llamados a la vida consagrada OC | Cristina Elizabeth Díaz
Las vocaciones sacerdotales nunca serán suficientes, pues siempre se requieren de más para poder brindar una atención espiritual de manera individual a cada uno de los fieles católicos, es sólo con la oración, como se podrán tener más jóvenes dispuestos a entregarse a esta vida consagrada, como el mismo Jesucristo lo dice: la mies es mucha y los trabajadores pocos.
Desde hace varios años, el Seminario Diocesano de Guadalajara realiza dos veces al años los llamados pre-seminarios, uno durante la Semana de Pascua y otro en el verano, a fin de que los interesados conozcan un poco de lo que se trata consagrarse en cuerpo y alma a Dios.
«Los cursos de preseminario sirven para dar a conocer a los adolescentes y jóvenes que tienen la inquietud de conocer la vida sacerdotal, las distintas etapas de formación que ofrece el Seminario de Guadalajara, para todos aquellos que quieren ser candidatos a este sacramento», explicó el director del Centro de Promoción Vocacional del Seminario Diocesano de Guadalajara, Catarino Espinoza Iñiguez.
Durante el curso se pretende ofrecerles la información, la motivación y los recursos para que tengan los elementos suficientes y pueda hacer un discernimiento vocacional y saber qué es lo que quieren hacer de su vida.
Van por edades. Una de las características de los preseminarios es que se realizan por edades, a fin de que los muchachos estén con personas de su edad y al compartir con ellos su fe, compartan una misma inquietud vocacional y puedan elegir lo que quieren; si seguir con un proceso dentro de la vida del seminario, aspirando al sacerdocio, o continuar con sus proyectos personales.
En el preseminario, los jóvenes realizan diversas actividades, se les invita a que tengan un conocimiento de sí mismos, interioricen, se valore, descubran sus capacidades y se hace hincapié de que la vocación es un don de Dios y pueden ser varias dentro de la Iglesia Católica: laical, en la vida religiosa y en la vida sacerdotal.
«Al darles a conocer estas vocaciones, los jóvenes tienen elementos suficientes para discernir, aunado a esto se profundiza en la vida sacerdotal, para que una vez inquieto, conozca el camino a seguir», precisó el padre Espinoza Íñiguez.
Es muy importante que en este tiempo de encuentro, los jóvenes se integren como un solo equipo, tengan oración personal y comunitaria, realicen diversas actividades deportivas y lo principal, que conozcan lo que implica la vida sacerdotal y el camino para llegar a ser sacerdote, que no es muy fácil a diferencia de lo que se puede pensar.
Hay inquietud. El padre Catarino reconoció que existe una gran inquietud entre los jóvenes que asisten a los preseminarios, por descubrir el plan de Dios que tiene para su vida, acuden porque tienen la necesidad de tener un acercamiento más interno con Jesucristo y poder decir si es la vida que quieren llevar a cabo y entregarse a ella fervorosamente, a pesar de las tentaciones que ofrece el mundo, pero que a final de cuentas, es consagrase a Dios para servir a los hombre en alcanzar su reino.
La mayoría de los jóvenes que asisten, es porque ya han tenido contacto de alguna manera con las actividades de su parroquia, pertenecen a un grupo parroquial, al coro, han sido acólitos, tienen una actividad cercana con su párroco o porque en su familia han sabido cultivar esa semilla para que se interese en el sacerdocio.
«También nos encontramos con los jóvenes que sólo vienen por curiosidad y terminan quedándose por la experiencia que viven, o aquellos que están indecisos por lo que su familia o amigos piensa, incluso a los que les queda claro que prefieren su libertad», reconoció el director del Centro de Promoción Vocacional del Seminario Diocesano de Guadalajara.
Del total de los jóvenes que participan en un preseminario, alrededor del 70 por ciento decide ingresar a una sección del Seminario; como seminaristas en familia o internos, el 30 por ciento restante, opta por continuar con su vida. De los que se quedan, alrededor del 15 por ciento llegan a profesar en el sacramento sacerdotal. En esta ocasión, se estima que estarán participando alrededor de 600 adolescentes y jóvenes a los diferentes preseminarios que van desde los 11 hasta los 18 años.
Vocaciones sacerdotales. El padre Espinoza Íñiguez reconoció que las vocaciones nunca son suficientes humanamente hablando, «siempre necesitamos más y gracias a Dios continuamos teniendo jóvenes generosos que escuchan su llamado y se disponen a seguirlo, quisiéramos que sean mucho más y más de los que esperamos».
Lo que más le duele dejar al principio a los que deciden vivir un preseminario o ingresar a la formación sacerdotal, es la familia y su libertad, sin embargo con el paso del tiempo el interiorizar con Dios, los llena y provocan que ese amor se contagie a otras personas.
Reconoció que uno de los principales desafíos que enfrentan es combatir esa «facilidad» con la que los muchachos piensan que se consiguen las cosas, «muchos creen que las cosas son muy fáciles, incluso hay jóvenes que antes de concluir el preseminario deciden retirase porque les resulta difícil, precisamente porque no están acostumbrados a tener una responsabilidad, a pesar de que se hace todo lo posible por hacer atractivas las actividades».
Además de sentir en su corazón el llamado de Dios, los jóvenes tienen que encontrar gusto por lo sustancial del Seminario; la vida de oración, la exigencia académica, la vida comunitaria que implica una renuncia a uno mismo.
El director del Centro de Promoción Vocacional del Seminario Diocesano de Guadalajara, reconoció que durante los preseminarios se realiza un trabajo arduo para poder detectar los muchachos que realmente tienen una vocación para ingresar al Seminario.
«Primero con la oración y la ayuda de Dios para discernir, podemos detectar esto, además el convivir con ellos nos ayuda a conocer sus sentimientos, sus deseos, así como el trabajo que hacen lo psicólogos con ellos, para valorar en la medida de lo posible, cuál es su realidad, la situación que vive y percibir si viene con recta intención o si viene por otra motivación», destacó.
Vocaciones que no prosperan. La formación sacerdotal se ubica en dos grandes etapas, una en el Seminario Menor y otra en el Seminario Mayor.
En la primera etapa, se habla de «sembrar y acompañar», cultivar la semilla y estar cuidando de que germine, crezca y llegue a dar frutos, la segunda etapa se preocupa por la educación y formación de los futuros sacerdotes.
«En la primera etapa el muchacho está llegando a la madurez, en esta etapa la deserción es por diferentes motivos, porque quieren vivir una relación de pareja, no le agrada la vida sacerdotal porque se trata de estudiar mucho o por la propia incapacidad intelectual», explicó.
La deserción que se presenta en el Seminario Mayor se debe principalmente por decisiones personales. Se estima que en la primera etapa alrededor del 35 por ciento perseveran y en la segunda etapa alrededor del 50 por ciento.
No hay un momento clave para que los jóvenes perseveren en su formación sacerdotal, «a pesar de que todo momento de la formación es importante, si hay una base sólida, todo lo demás se va a dar automáticamente, siempre y cuando la persona esté respondiendo».
Independientemente de si un estudiante del Seminario termina de profesar o no, no se ve como una pérdida, sino como una inversión, porque los ex seminaristas serán seres humanos formados, con valores y que aportarán sus conocimientos y experiencias para contribuir a tener una mejor sociedad.
Finalmente, el padre Catarino Espinoza Íñiguez pidió a todos los fieles católicos orar porque se incrementen las vocaciones sacerdotales, cultivar la vocación en las propias familias y seguir la indicación que el propio Dios dice: «Rogar al dueño de la mies, para que envié trabajadores a sus campos».