Ricardo
Talavera
M.
Periodista
Con el paso de los años, lo que pudo haber sido una gran familia, se comienza a desintegrar; los hijos van tomando su camino, las hijas se van casando o se van quedando «depende...», y uno se va quedando solo con la mujer que formó y crió a los chiquillos y chiquillas.
Cada año que pasa, uno va perdiendo un poco de salud, un poco de juventud, un poco de todo. Y está bien, es el proceso normal del paso de los años, la experiencia y la vida. Hablando con la vecina del 11, doña Ximena, me comentó el porqué de su tristeza. Ya que desde hace varias semanas la he visto ausente, cabizbaja. Ella vive sola con sus gatos y sus canarios, ahora su mejor compañía. Procreó a ocho hijos, de los cuales ya ninguno está con ella; unos se le casaron, dos más se murieron -uno a los pocos meses de nacido y otro más en un accidente en USA-. Con lágrimas en los ojos me dijo que justamente hace casi un mes le diagnosticaron problemas en el riñón, y empezó a buscar a sus hijos para que la ayudaran con parte de la carga económica que se le venía encima; además de que necesitaba sangre, un trasplante, de todo para librarla. Pues nada que sus hijos e hijas se hicieron ojo de hormiga; ninguno se ha reportado con ella para ver en qué le ayudan; una de sus hijas, que vive en la frontera, le mandó en un sobre 50 USD para ayudarla; obvio que cuando me dijo eso solté el llanto, porque me di cuenta que la vida es a veces un trago de vino muy amargo, que tan grande sea la copa, eso depende de cada quien, lo que haya hecho o cultivado o enseñado a sus progenitores.
Las peleas, diferencias, mentadas, distanciamientos, ofensas, el dinero, las envidias, mentiras son factores que desintegran los mejores núcleos familiares. Definitivamente la vida es un carrusel, donde a veces se está arriba y a veces abajo, los hijos empiezan siendo canarios que nos alegran la mañana y dependerá de cómo los eduquemos y qué les enseñemos para que al final de nuestras vidas no se vuelvan como cuervos queriéndonos sacar hasta los ojos, o peleándose la vajilla de mamá, o la chequera de papá.
La vida se va en un segundo decía mi abuelo, valoren cada momento que es irrepetible, suspiren profundo, abran los ojos, enseñen y entreguen cosas buenas, construyan no como otros, que por ahí andan, que ni me meto en política, porque más rápido me muero, del coraje, de pensar que tenemos el gobierno que merecemos, y ahí seguimos.
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